Y cuanto perdí la cuenta del tiempo que llevaba sin volcarme en las letras, aquí estoy. Tiempos de idas y venidas, de encuentros y desencuentros, de grandes retos. Pero curiosamente, siempre llega algo, o alguien, que te rompe los esquemas. A veces sucede en circunstancias difíciles, adversas, pero no imposibles.
A veces llega alguien que sin que tu lo buscaras, se cuela en tus pensamientos, alguien que con su nobleza y sensibilidad consigue ganarte. A veces llega el momento en el que sencillamente dos personas son una sola, y se regalan momentos mágicos que esconden mucho más que pasión. Pero además, te das cuenta, de repente, que eres tu misma, que sientes confianza, que todo aquello que alguna vez te preocupó, ya no lo hacía, y que te mostrabas tal cual, sin ningún tipo de complejo o temor. Pero además, te comunicas de manera fluida y natural, sabiendo que no sucederá nada malo, si no todo lo contrario. Y todo sale de manera natural, espontánea. A veces es sencillo, llega una persona que conecta contigo, que te desmonta los miedos y se cuela dentro de tu cabeza, y de tu corazón, sin que te hayas dado cuenta.
Recuerdo cada momento de ayer, recuerdo el sonido de las copas al brindar, recuerdo cada beso, cada caricia, cada mirada, cada palabra, así como aún siento la sensación de paz mas grande que no tenía desde hacía mucho tiempo.
Hacía mucho que no sentía esta sensación de felicidad, y me asusta, mucho. ¿Y por qué? Porque cuando las situaciones son difíciles, cuando no dependen de una sola persona, ese resquicio de miedo aparece, porque cuando uno es feliz, o comienza a serlo, teme que eso pueda terminar.
Hoy me he permitido sentir esa felicidad, y me siento vibrando en una energía positiva y preciosa. Quizás Dios tiene preparados esos planes que eran anhelos para mi. No lo sé. ¿Y si es que si? Si es que si, seré la persona más dichosa del mundo.