martes, 26 de mayo de 2026

No siempre

Casi medio año ha pasado desde que vine por aquí. Anoche volví a verbalizar que tenía mi rincón de desfogar, volví a recordar lo que era escribir, lo que significaba, cómo me calmaba. 

Han pasado muchos días desde el diciembre en el que di un paso atrás para protegerme, desde que supe darme cuenta a tiempo, y hoy me doy la gracias por ello. Puedo decir que he sabido recolocar mis emociones para poder brindar mi amistad. 

Apenas empezamos a acariciar el verano sin ser oficial aún, y han pasado tantas cosas... La vida coge tu mano y te lleva por donde menos esperas. Pero aprendes. Siempre aprendes. 

En estos meses me ha enseñado lo que es el miedo de verdad, el miedo a perder lo que de verdad importa, pero también me ha dejado ver una parte que no conocía de mi misma, coraje y fortaleza que todavía hoy no se de donde salían, supongo que cuando asumes un rol, van implícitos. Seguir, seguir y seguir, pero una situación con tanta carga física y emocional no se sostiene en el tiempo, y acaba facturando. Buscar tu rincón para drenar se hace absolutamente necesario, así como la necesidad de dejarte caer, aunque sea un momento, necesitar que alguien te sostenga. Porque no, no sé es de hierro, ni tampoco de hielo.

Aunque es diferente, aún hay momentos en los que me sigue resultando curioso cómo las personas sensibles esconden de manera fehaciente lo que sienten. Pero aún siendo conocedora de primera mano, y habiéndome reconciliado con ese conflicto, comprendiendo, a ratos, me extraña. 

Hace no mucho tiempo me permití mostrar mis emociones, hace no mucho que no me permitía una sola lágrima si alguien podía verla, hace no mucho fui capaz de hablar en alto sin que me temblara la voz, sin sentir vergüenza, sin quebrarme. 

Es un cocktail demasiado fuerte mezclar malos tratos con PAS. Es demasiado explosivo. Nadie vuelve a ser igual, por supuesto, pero cuando hablamos de una PAS, se duplica. Y cierto es que te hace más fuerte, que aprendes a ver el mundo con perspectiva, pero también hay una parte que no se borra jamás. Siempre habrán situaciones que te recuerden, siempre habrán momentos que te evoquen, siempre conservarás dentro de ti esa sensación de duda sobre tu persona, siempre de preguntarás más de la cuenta. 
Siempre he dicho que las únicas marcas que no se borran son las que jamas se vieron. 

Cuando te hacen tan pequeña siendo tan pequeña. Qué vida esta.... 

Pero me siento orgullosa. Orgullosa porque ha costado mucho tiempo, trabajo y terapia llegar a lo que soy hoy. Muchas vivencias, muchas etapas, y hoy puedo decirlo con mucho orgullo. Orgullo de poder hablarlo, aunque lo siga teniendo presente. 

Siempre diré que estamos hechos de retales. Vivencias, personas que vienen y van, pero que dejan algo en ti, momentos... Y otra cosa que la vida me ha enseñado es a callar. Si, a callar. Callar porque cuanto más hablas de algo, más caes justo en el medio. No sabes que te deparará la vida. No sabes los caminos que tomarás ni en las bifurcaciones que dudarás. 

Pero desde luego, si algo tengo claro, cada vez más claro, es que la vida es efímera, que se escapa entre los dedos en un abrir y cerrar de ojos, y que el ser humano tiende (tendemos) a la conformidad, a la comodidad, al luego. Pero no siempre hay luego. No siempre hay después.